Una multitud se congregó en la Plaza de Mayo para reclamar por el presupuesto universitario, en medio de un debate sobre el financiamiento y los salarios docentes.
A las siete de la mañana de este martes, un canal de noticias anunciaba: ‘Marcha en defensa de la educación’. La convocatoria reunió a madres, hijas, alumnos, ex estudiantes, docentes, no docentes, jóvenes y adultos, atraídos por una consigna que no admite oposición: nadie puede estar en contra de las universidades públicas ni de los hospitales universitarios, las dos instituciones señaladas como las más afectadas por el recorte presupuestario.
El Gobierno respondió argumentando que la ley de financiamiento sancionada en el Congreso espera una resolución de la Corte Suprema. La urgencia de los sueldos docentes requiere, de entrada, empatía, no frialdad especulativa. Una vez establecida esa solidaridad, después habrá tiempo para las discusiones.
Está claro que el mensaje oficial —la plata fue transferida a universidades y hospitales— no llegó o no convenció a quienes día a día transitan la realidad, incluidos los alumnos que acumularon una seguidilla de paros desde el comienzo del año lectivo. También a miles que marcharon, y millones que no, pero que adhieren a la idea de educación pública como un valor innegociable.
La observación de lo ocurrido en la Plaza de Mayo sirvió también para confirmar el cruce de dos realidades incómodas para el oficialismo. ‘La universidad se desloma resistiendo’, se leía en un cartel. ‘Salarios docentes en cascada’, ironizaba otro.
Si la primera marcha universitaria encontró un Gobierno sin grietas profundas entre lo enunciado y lo practicado, la investigación sobre los gastos del jefe de Gabinete Manuel Adorni hirió la credibilidad de la administración libertaria. Lo ocurrido ayer empezó a gestarse hace más de medio año con la torpeza legislativa de La Libertad Avanza para afirmar alianzas que permitieran sostener los vetos presidenciales.
En septiembre pasado, la caída del veto presidencial a la Ley de Financiamiento Universitario conseguía 58 votos afirmativos y solo 10 negativos en el Senado. Esa abrumadora mayoría se construyó con los (ex) aliados que el presidente se ocupó de alejar. El precio, indexado, lo está pagando siete meses más tarde.
