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Una perra y sus cachorros fueron rescatados de un desagüe en Panamericana, en Pilar

El operativo se realizó el 27 de diciembre de 2023. Uno de los cachorros, bautizado Benito, logró ser rescatado y hoy busca un hogar tras un proceso de rehabilitación.

Oscuridad, ruido constante de motores y miedo. Esas eran las condiciones que enfrentaban una perra y sus cachorros que se habían refugiado en un desagüe pluvial debajo de la autopista Panamericana, a la altura de Pilar. El 27 de diciembre de 2023, Adriana Krawiec y su esposo recibieron un pedido de ayuda para rescatar a los animales.

En el laberinto de cañerías que se extienden por kilómetros, una perra asustadiza —con profundo temor al contacto humano— intentaba proteger a sus dos crías. “Cuando llegamos, nos encontramos con cañerías de kilómetros y con que los cachorros eran más grandes de lo que nos habían dicho, por lo que corrían sin parar”, recuerda Adriana, rescatista con más de 15 años de experiencia en casos complejos.

Tras caminar 300 metros por el túnel, lograron verlos. “Todo pasó en cuestión de segundos. En una maniobra rápida y decidida, logramos sujetar del pellejo a uno de ellos. A la mamá y al otro cachorro, lamentablemente, los perdimos de vista”, relata la rescatista.

El pequeño sobreviviente, bautizado como Benito, estaba algo delgado, lleno de parásitos y con una lastimadura en la oreja. Se estima que tenía entonces unos cuatro meses. Fue llevado a un tránsito, pero el trauma de sus primeros meses era evidente: pasó diez días viviendo debajo de una cama, aterrado. Adriana y su marido Walter decidieron recibirlo en su refugio (@los_rescatados_de_colito) para iniciar un paciente proceso de sociabilización.

Luego de un chequeo general que incluyó análisis de sangre, evaluación de enfermedades generadas por parásitos y cuarentena para descartar moquillo o parvovirus, el cachorro fue desparasitado, vacunado y recibió el alta para integrarse a la manada, según explicó Victoria Morgan, médica veterinaria del refugio.

“Pasábamos horas encerrados en el canil con él para mostrarle que el humano no le iba a hacer daño”, recuerdan los rescatistas. El trabajo fue paulatino: acercamientos suaves, comida ofrecida con la mano y la ayuda fundamental de otros perros del refugio, quienes fueron sus verdaderos maestros. Benito descubrió que amaba estar con sus pares; en ellos encontró la seguridad que el mundo de los humanos aún no le brindaba.

El médico veterinario y etólogo clínico Baltazar Nuozzi explicó que la socialización temprana es un proceso crítico en el desarrollo comportamental de un perro. “Cuando un cachorro proviene de una madre con bajo nivel de socialización o con respuestas de tipo evitativo o defensivo, existe un mayor riesgo de que desarrolle miedo, hipervigilancia o conductas reactivas si no se interviene de manera adecuada y temprana”, señaló. “Invertir en socialización temprana no solo mejora la calidad de vida del animal, sino que previene la aparición de problemas de conducta que, en muchos casos, son complejos de revertir en la adultez”, agregó.

Hoy, Benito ya no es aquel cachorro esquivo que nació en un desagüe. Es un perro joven que lleva más de dos años esperando ser adoptado. A pesar de haber crecido en un refugio, se ha convertido en un alumno ejemplar: gracias a las visitas de un adiestrador, aprendió a sentarse, echarse y caminar al lado. Es un compañero ideal para el momento del mate, le encanta estar “pegado” a sus cuidadores y, en verano, su lugar favorito es la pileta.

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