Identificada en al menos 25 estados, la variante presenta múltiples mutaciones, lo que genera un seguimiento por parte de las autoridades sanitarias.
A pesar de la llegada de la primavera, la temporada de virus respiratorios en Estados Unidos continúa activa. Una nueva variante de COVID-19, denominada científicamente BA.3.2, ha sido detectada en muestras clínicas y aguas residuales de al menos 25 estados. Algunos científicos la han apodado «Cicada» (Cigarra) por su capacidad de resurgir después de periodos de baja circulación.
La variante BA.3.2 se distingue por poseer entre 70 y 75 mutaciones en su proteína de pico, lo que la hace inmunológicamente diferente a versiones anteriores del virus. Actualmente, representa menos del 1% de las muestras secuenciadas en EE. UU., pero su presencia confirmada y su potencial para evadir anticuerpos de infecciones previas indican que el SARS-CoV-2 sigue evolucionando.
Los médicos advierten que diferenciar esta variante de otros virus respiratorios como la influenza A o B, el virus sincitial respiratorio (RSV) o el metapneumovirus humano (HMPV) es casi imposible sin una prueba de laboratorio, ya que los síntomas se solapan significativamente.
Los síntomas principales reportados para la variante BA.3.2 incluyen: fatiga, congestión nasal, dolor de garganta, tos seca, dolor de cabeza y, en algunos casos, fiebre baja.
Las vacunas de la temporada 2025-2026 fueron diseñadas para el linaje JN.1. Debido a las numerosas mutaciones de BA.3.2, pruebas de laboratorio muestran que puede escapar parcialmente a los anticuerpos. No obstante, expertos de instituciones como Johns Hopkins subrayan que la vacunación sigue siendo crucial para prevenir cuadros graves, complicaciones pulmonares y otros efectos a largo plazo.
