Técnicos del INTA validaron una estrategia de iluminación artificial que duplica la postura de huevos en la Patagonia austral durante los meses de invierno.
Cuando el invierno avanza en la Patagonia austral, los días se vuelven breves y la luz natural empieza a escasear. Esa reducción del fotoperíodo no solo transforma el paisaje: también impacta sobre la producción avícola.
En los meses más fríos, muchas gallinas disminuyen la postura y la oferta de huevos pierde estabilidad. Frente a ese escenario, técnicos del INTA validaron una estrategia capaz de cambiar el rendimiento de los establecimientos locales.
La experiencia se desarrolló en cinco sistemas productivos de la Cuenca Carbonífera de Santa Cruz y permitió comprobar que la incorporación de iluminación artificial puede sostener la producción durante el otoño y el invierno. Los resultados mostraron diferencias contundentes entre quienes aplicaron la tecnología y quienes continuaron únicamente con luz natural.
Una diferencia que se reflejó en la postura
El trabajo estuvo a cargo de especialistas de la Agencia de Extensión Rural Río Turbio, quienes evaluaron el efecto de alcanzar un esquema de 16 horas diarias de luz mediante la combinación de iluminación natural y artificial.
En los establecimientos donde no se incorporó suplementación lumínica, las tasas de postura rondaron el 40 % durante el período crítico. En cambio, aquellos que alcanzaron las 16 horas de iluminación lograron valores cercanos al 80 %, lo que permitió prácticamente duplicar la producción invernal.
Uno de los casos destacados, en la localidad de 28 de Noviembre, el sistema alcanzó una tasa promedio del 78 % durante junio, incluso con un plantel de 82 semanas. El resultado evidenció que la producción puede mantenerse en niveles elevados aun en etapas avanzadas de las aves.
Asimismo, en otro establecimiento la suplementación lumínica permitió sostener la producción durante los meses más complejos del año y aportar continuidad a los ingresos por venta de huevos.
Mucho más que instalar luces
El ensayo no comenzó directamente con la incorporación de la tecnología. Antes de avanzar con la suplementación lumínica, el equipo técnico trabajó junto a los productores en distintos aspectos vinculados al manejo integral de los planteles.
Según explicó Pablo De Brea, extensionista del INTA Río Turbio, el proceso incluyó mejoras en alimentación, formulación de raciones, manejo sanitario, infraestructura y acondicionamiento de gallineros. Además, los productores participaron de capacitaciones sobre manejo de aves, planificación productiva y utilización de tecnologías apropiadas para la región.
Un cambio que también fue cultural
Para De Brea, uno de los aspectos más importantes de la experiencia estuvo en la adopción de la tecnología por parte de los establecimientos locales. Si bien la eficacia de la suplementación lumínica ya contaba con antecedentes técnicos, el desafío consistía en integrarla de forma permanente a las prácticas habituales de producción.
En un establecimiento, la tasa de postura durante el invierno pasó de registros cercanos al 40 % a valores próximos al 80 %, con un efecto directo sobre la estabilidad de la oferta de huevos en los meses de menor luminosidad.
Desde el INTA destacaron que los resultados obtenidos muestran el valor del trabajo conjunto entre técnicos y productores. La articulación permitió ajustar el manejo de los sistemas, validar una tecnología en condiciones reales y medir de manera concreta su impacto económico y productivo en la región.
Fuente: INTA
