En el marco del juicio por el caso de los Cuadernos de las coimas, la fiscal general Fabiana León defendió la continuidad del proceso frente a planteos de nulidad, subrayando que el ámbito natural para determinar culpabilidad o inocencia es el juicio oral.
En la Argentina, los procesos por corrupción suelen enfrentar demoras y estrategias procesales que buscan evitar el juicio. En este contexto, la actuación de la fiscal general Fabiana León en el caso de los Cuadernos de las coimas ha sido destacada por su firmeza institucional. Frente a diversos planteos destinados a anular el proceso, la fiscal recordó que el ámbito natural para discutir la culpabilidad o inocencia es el juicio oral.
León cuestionó la idea de que los procesos por corrupción sean persecuciones políticas, señalando que no se juzga a la Justicia sino a quienes están acusados de haber saqueado al Estado. Durante seis años se intentó impedir la realización de este juicio, y una vez iniciado reaparecieron argumentos similares para desacreditar la investigación. La fiscal afirmó: “No nos detuvieron durante seis años, no lo van a hacer ahora”.
La funcionaria destacó que llevar adelante un juicio por corrupción contra figuras de poder implica resistir presiones y campañas de deslegitimación. En un contexto degradado, el cumplimiento del deber de fiscales y jueces adquiere una dimensión que excede lo individual, convirtiéndose en un acto de higiene institucional. Cada vez que un proceso avanza pese a los obstáculos, se rompe el círculo vicioso de la impunidad.
La corrupción no es solo un delito económico, sino un mecanismo de degradación colectiva. Frente a esto, la actuación de fiscales y jueces independientes introduce un principio de realidad: la ley existe, el juicio es posible y la responsabilidad puede ser exigida. La tarea de magistrados como la fiscal León recuerda que la República no es una ficción retórica, sino un sistema que se sostiene en función de conductas concretas.
