El baño es la estancia que más problemas de seguridad presenta para los jubilados, debido a la humedad y las superficies resbaladizas. Expertos en interiorismo ofrecen claves para reformar sin perder confort ni diseño.
Cuando se piensa en reformar el hogar durante la jubilación, el baño suele ser una de las estancias más recomendadas para priorizar. En muchas viviendas, las zonas que más dificultades presentan para las personas mayores son los núcleos húmedos, como el baño o la cocina, donde se combinan superficies resbaladizas, cambios de nivel, iluminación deficiente y elementos que requieren fuerza o estabilidad.
Florencia Luna, arquitecta interiorista y profesora de interiorismo, dirige un estudio centrado en el diseño creativo y la reforma de espacios. «Gran parte de mi trabajo está orientado a proyectar viviendas que acompañen a las personas a lo largo del tiempo, integrando funcionalidad, confort y diseño», explica.
En los baños, es fundamental sustituir los suelos existentes o incorporar superficies antideslizantes, tanto en el pavimento general como en la zona de la ducha. «Mi recomendación es optar por cerámicas o porcelánicos antideslizantes y, además, añadir barras de apoyo bien ubicadas que acompañen los movimientos naturales del cuerpo», subraya Luna.
La experta aconseja evitar bañeras altas o reemplazarlas por duchas a ras de suelo, que eliminan el esfuerzo y reducen el riesgo al entrar y salir. También recomienda instalar barras de apoyo estratégicamente situadas en la ducha y junto al inodoro, así como sustituir cortinas inestables por mamparas, que ofrecen mayor control visual y físico.
«En la ducha se puede añadir un asiento abatible o una banqueta resistente, lo que mejora notablemente la autonomía sin necesidad de modificar la estructura del espacio», destaca Luna. En cuanto a la grifería, recomienda los sistemas monomando, las duchas de mano regulables y una correcta organización de los elementos de uso diario.
Existen adaptaciones temporales y flexibles, como barras de apoyo desmontables, alfombras antideslizantes, luces nocturnas portátiles o reorganizar el mobiliario. «Sin embargo, hay otros cambios que conviene planificar a largo plazo, sobre todo cuando se piensa en envejecer en la propia vivienda», señala Luna.
Adaptar los baños con duchas a nivel del suelo, diseñar la iluminación con al menos tres capas de luz por estancia, eliminar desniveles, apostar por viviendas de una sola planta o replantear la distribución de los espacios son decisiones estructurales que aportan seguridad y comodidad de forma sostenida.
El consejo más importante, concluye la experta, es pensar la vivienda desde el uso real y cotidiano, y no solo desde la estética. «Adaptar una casa para envejecer de manera segura no significa renunciar al diseño, sino entender cómo se habita el espacio y cómo ese espacio puede acompañar los cambios del cuerpo y del paso del tiempo».
