En el marco del Bafici, el actor estadounidense presentó «Luna Azul», su nueva colaboración con Richard Linklater, y reflexionó sobre su carrera, el paso del tiempo y la creación artística.
En el marco de la edición número 27 del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici), que hasta el 26 de abril se desarrolla en siete sedes de la Ciudad, se podrá ver en pantalla grande la inédita Luna Azul, protagonizada por Ethan Hawke y dirigida por Richard Linklater, reeditando la dupla detrás de la trilogía Antes del Amanecer y de la épica Boyhood: momentos de una vida.
Hawke, dueño de una carrera con grandes éxitos como La sociedad de los poetas muertos, Viven! y las series Moon Knight y The Lowdown, encarna en esta película al letrista Lorenz Hart, quien junto a Richard Rogers y Oscar Hammerstein creó más de 1000 canciones presentes en grandes obras musicales convertidas en clásicos de Broadway.
En diálogo con LA NACION, el actor reflexiona acerca del desafío de remontarse al Hollywood de antaño y, también, a algunas de las películas que protagonizó y que tuvieron destino de clásico.
-En Luna Azul viajás en el tiempo para componer un personaje que compuso grandes clásicos a comienzos del siglo pasado, pero has protagonizado películas muy ancladas en el presente, como por ejemplo Generación X…
-Supongo que una de las cosas interesantes de Generación X, por ejemplo, es que, en esencia, es solo una comedia romántica, pero había algo diferente en ella. Había algo, era un momento en el tiempo. Y lo que no sabíamos -y tengo que darle mucho crédito a Winona Ryder, porque ella lo sabía- era lo talentoso que era Ben Stiller. Realmente creía en él. Y él ha crecido y evolucionado hasta convertirse en uno de los mejores cineastas que tenemos. Es decir, para mí es increíble ver su carrera y darme cuenta de que se ha convertido en Mike Nichols. Fue muy interesante estar en Generación X; es una película interesante y extraña.
-También protagonizaste la trilogía de Antes del amanecer, películas que han marcado a fuego a varias generaciones, recuperando el misterio y el romance para la pantalla grande…
-Esa trilogía es una parte de mi alma. Esas tres películas juntas son una gran parte de lo que soy. Y las amo. Dudo que vuelva a hacer algo tan desafiante. Quiero decir, serán diferentes en todo caso. Luna Azul es un reto, desde otro lugar. Pero trabajar en esos personajes durante 18 años y coescribirlos, y la absoluta simplicidad, porque hay un poder en su simplicidad… “Simple” es una palabra curiosa, porque hace creer que se trata de algo fácil. A veces es muy difícil. Es simple porque no podés cometer ningún error. En un rompecabezas grande y complejo, y la disciplina necesaria para crearlo era algo emocionante. Julie Delpy es brillante. Richard [Linklater] es brillante.
-Hablamos de películas icónicas de tu carrera, que son ya parte de tu legado. ¿Pensás en eso cada vez que filmás un nuevo proyecto?
-Creo que es una forma peligrosa de pensar. Pensar en cosas como “el legado” te lleva a pensar en vos mismo en tercera persona, y entonces, de cualquier manera, terminás siendo vanidoso o amargado. De esa conversación no sale nada bueno.
-No se puede planificar, es simplemente mi personalidad. De joven, me metía en problemas por eso. Soy de los que corren antes de caminar. Empecé a escribir antes de saber escribir o de tener derecho a hacerlo, pero me encantaba. Me preocupaba la longevidad de la carrera de un actor, vi a muchos desaparecer, así que quería cultivar otras pasiones.
-En Luna Azul viajás en el tiempo, a una época en la que todo era posible y había mucho por delante, por crear…
-Una de las cosas secretas que me encantan de ser actor es que creo que todos nosotros, como seres humanos, caminamos por diferentes lugares, edificios famosos y tu cerebro piensa: “Si pudiera volver a 1943… ¿Y si pudiera volver a 1870, qué haría?“. Incluso yo pienso en ello todo el tiempo cuando estoy en la playa o algo así: ”¿Cómo era esto hace 500 años?“. Y para mí, que soy un actor que creció amando el teatro, imaginarme estar en la fiesta de estreno, cuando la historia de esa noche cambió el teatro musical, e imaginarme si sabían que estaban cambiando todo es único. ¿En qué estaban pensando? Porque creo que la clave para hacer este tipo de películas de época es no ser nostálgico.
-La gente no era nostálgica esa noche. Estaban preocupados, leían el diario, estaban preocupados por lo que iban a comer. Estaban preocupados por si alguien los iba a besar. Estaban preocupados por si su amigo iba a aparecer o por la ampolla que tenían en el pie. Y tenés que intentar sumergirte de verdad en el momento. Todos vivimos en el momento presente, no vivimos en el futuro ni en el pasado.
-¿El vestuario ayuda a entrar en ese viaje?
-Sí, me encanta. Me encanta ponerme la ropa. Es diferente a que te vistas solo en tu habitación con un traje de los años 40. Eso es bastante divertido. Pero cuando conseguís que lo hagan 150 personas, y todos fuman cigarrillos de la época y beben en vasos de la época con relojes de la época, y con relojes de los años 40… Me encanta eso. Y despierta tu imaginación de una manera que es emocionante como actor. A veces es más difícil.
