Tras descubrir que tres de sus cuatro hijos padecen una enfermedad degenerativa de la retina, una pareja franco-canadiense emprendió un viaje de 15 meses por cuatro continentes para llenar de experiencias la memoria de los niños.
Un diagnóstico médico cambió por completo los planes de la familia Pelletier Lemay. Tres de sus cuatro hijos tienen retinitis pigmentaria, una enfermedad que provoca un deterioro progresivo de la retina y puede conducir a la pérdida de la visión. Ante esta realidad, y siguiendo el consejo de un especialista, los padres decidieron dedicar un tiempo a crear recuerdos visuales intensos antes de que avance la condición.
Así, durante 15 meses entre 2022 y 2023, Edith Lemay y Sébastien Pelletier, radicados en Montreal, viajaron con sus hijos Mia (15), Leo (13), Colin (10) y Laurent (8) por 15 países de África, Asia, Medio Oriente y América del Sur. El itinerario incluyó Namibia, Zambia, Tanzania, Turquía, Mongolia, Indonesia, Malasia, Tailandia, Camboya, Laos, Nepal, Omán, Egipto, Ecuador y Colombia.
«Nuestra hija mayor empezó a mostrar síntomas cuando tenía 3 años; no veía de noche. Le diagnosticaron oficialmente la enfermedad alrededor de los 7 años y, poco después, nos enteramos de que dos de nuestros hijos también la padecían», explicó Edith Lemay en una entrevista. Leo es el único de los hermanos sin este diagnóstico.
La idea del viaje surgió tras una recomendación médica. «Un especialista nos dijo que lo mejor que podíamos hacer era llenar la memoria visual de nuestros hijos. Esa frase lo cambió todo. Hasta entonces nos sentíamos impotentes ante la enfermedad, pero esto era algo sobre lo que podíamos actuar», relató la madre.
La familia afrontó los desafíos logísticos, escolares y financieros que implicaba la travesía, priorizando la experiencia. Durante el recorrido, realizaron actividades como nadar con delfines, volar en globo aerostático, practicar surf y ver amaneceres en la montaña. Optaron por el transporte terrestre cuando fue posible y se alojaron en casas de familia para sumergirse en las culturas locales.
«Una de las lecciones más importantes fue darnos cuenta de lo capaces que son nuestros hijos. Cuando los sacás de su rutina, se adaptan con una rapidez increíble. También descubrimos lo acogedora y amable que puede ser la gente, sin importar en qué parte del mundo nos encontráramos», destacó Edith.
La experiencia, compartida inicialmente en redes sociales y un blog, captó la atención del público, lo que llevó a Edith Lemay a escribir un libro sobre la vivencia. La familia asegura que el viaje fortaleció sus lazos y les enseñó a valorar la belleza en los detalles cotidianos. «Nuestros hijos nos enseñaron a volver a maravillarnos, algo que solemos perder al crecer», concluyó.
