Un analista político explica cómo los líderes construyen relatos para influir en la opinión pública durante las guerras, con ejemplos que van desde Medio Oriente hasta la Guerra de Malvinas.
En un contexto internacional marcado por la tensión en Medio Oriente, el análisis de los discursos políticos se vuelve clave para entender la dinámica de los conflictos. Para José María Rodríguez Saráchaga, analista de discursos políticos, la comunicación no solo acompaña al conflicto, sino que también lo define. «La primera baja en una guerra es la verdad», sostuvo, marcando el eje de su análisis.
Según explicó, tanto Estados Unidos como Irán construyen relatos propios donde cada uno se presenta como ganador, independientemente de los hechos concretos. «Cuando hay una guerra todos se declaran ganadores y hasta que no termina el conflicto, e incluso después, todos se siguen vendiendo como ganadores», afirmó.
Rodríguez Saráchaga remarcó que la comunicación en contextos bélicos tiene múltiples destinatarios: el frente interno, el enemigo y los terceros actores internacionales. En ese marco, advirtió que no siempre quien tiene ventaja militar logra imponerse en el plano discursivo. «Irán muestra como triunfos cada mínimo metro no perdido, mientras Estados Unidos no comunica la diferencia abismal que se produjo en el campo de batalla», explicó.
Además, alertó sobre los riesgos de sobreactuar en el discurso político. En referencia a declaraciones extremas, señaló: «Cuando vos decís ‘va a desaparecer una civilización entera’ y después no podés dominar un territorio clave, queda como que perdiste aunque hayas ganado».
Para ilustrar cómo se construyen los relatos, recordó una anécdota de la Guerra Fría: «Una derrota la querés resignificar como victoria», sintetizó, al describir cómo distintos medios podían narrar el mismo hecho de manera completamente opuesta.
El analista también vinculó este fenómeno con la historia argentina, especialmente durante la Guerra de Malvinas. «Se contó mal el durante y también muy mal el post», aseguró. En ese sentido, planteó que el resultado bélico pudo haber sido comunicado de otra manera: «Inglaterra tuvo una victoria pírrica, perdió mucho más ganando que Argentina perdiendo». Sin embargo, la falta de una estrategia comunicacional efectiva derivó en consecuencias políticas opuestas en ambos países. Mientras en Reino Unido fortaleció el liderazgo de Margaret Thatcher, en Argentina precipitó el final del gobierno militar.
En el plano local, también ejemplificó errores discursivos en la política reciente. Sobre el caso Panama Papers, señaló: «Cuando decís ‘no tiene nada que ocultar’, instalás la idea de que hay algo que ocultar», cuestionando la elección de palabras en la defensa pública.
Finalmente, dejó una reflexión central sobre el poder de la narrativa: «Las cosas son lo que decimos que son», concluyó, subrayando que en la era de la información, la percepción muchas veces pesa más que los hechos. «El hecho concreto termina siendo una anécdota frente a la percepción», cerró.
