Especialistas explican que la elección de ciertos tonos neutros puede estar vinculada a momentos de mayor sensibilidad o búsqueda de protección, aunque advierten que no definen la personalidad.
La elección de colores en la vestimenta o la decoración trasciende lo estético y puede ser una herramienta para regular emociones o modular la forma en que nos presentamos ante los demás. Si bien en redes sociales circulan listas que asocian colores específicos con rasgos de personalidad, la psicología aborda estas preferencias con matices, considerando tendencias y contextos, sin establecer verdades absolutas.
Desde la psicología del color, se observa que ciertos tonos neutros y apagados pueden funcionar como una especie de «escudo» en períodos donde la persona se siente más vulnerable al juicio externo o busca contención. Un estudio como «Personality Traits and Colour Preferences», de Cigić & Bugarski Ignjatović, señala al gris pálido como uno de estos tonos. Este color podría representar una elección «segura» para pasar desapercibido y evitar sobresalir en entornos donde se teme la crítica.
En una línea similar, el marrón apagado se ha vinculado con la búsqueda de estabilidad, contención y baja estimulación. Su elección, especialmente en variantes opacas, podría interpretarse como un anclaje a «lo básico» en momentos de vulnerabilidad, autoexigencia o autocrítica intensa.
El negro, por su parte, tiene una dualidad reconocida: mientras a menudo se asocia con elegancia y poder, un uso excesivo y constante en contextos de baja autoestima podría funcionar como una barrera emocional. En estos casos, más que una preferencia estética, podría ser un mecanismo para ocultar vulnerabilidades, marcar distancia y controlar la imagen proyectada.
Los expertos enfatizan que estas asociaciones no deben convertirse en etiquetas. La preferencia por un color puede reflejar un estado emocional transitorio, no una definición permanente de la persona. Identificar estos patrones puede ser un punto de partida para la introspección, pero el trabajo para fortalecer la autoestima requiere abordajes más profundos, como fortalecer la relación con uno mismo, buscar apoyo si es necesario y recuperar espacios de expresión con menos temor al juicio ajeno.
