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Ganadería bovina en Tierra del Fuego: adaptación y evolución en el extremo sur argentino

En la estancia Río Apen, a 75 km de Río Grande, la familia Pastoriza desarrolla una producción bovina que enfrenta condiciones extremas, marcando un proceso de reconversión y aprendizaje en la ganadería más austral del mundo.

En el extremo sur de Argentina, la historia de la familia Pastoriza se entrelaza con la evolución productiva de Tierra del Fuego. Con más de un siglo de experiencia en la región, la familia se encuentra hoy en una etapa de aprendizaje y mejoramiento en la ganadería bovina, adaptándose a un ambiente desafiante.

La actividad comenzó en 1913, cuando Camilo y Saturnino Pastoriza llegaron a Ushuaia desde Galicia. En la década de 1930 iniciaron actividades de tambo y aserradero. Posteriormente, en los años 50, Camilo y su hijo Carlos se trasladaron a la zona de Río Grande, desarrollando ganadería ovina y trabajos con madera. En 1975, Carlos adquirió la estancia Sarmiento, rebautizada como Río Apen, nombre que en idioma ona refiere al tucu tucu, un roedor de la zona.

El establecimiento, ubicado en un área de ecotono donde se mezclan pastizales con bosques de ñires y lengas, abarca 12.500 hectáreas. Su uso se organiza según las estaciones: aproximadamente 7.000 hectáreas se utilizan en invierno en sectores bajos y reparados, y 5.500 hectáreas de mayor altitud en verano. Unas 3.500 hectáreas son superficie boscosa.

Rodrigo Pastoriza, representante de la cuarta generación, se sumó al proyecto familiar en 2006. Su incorporación coincidió con un punto de inflexión: la presión de perros asilvestrados sobre el rodeo ovino, que llegó a tener 14.000 ovejas, obligó a una reconversión hacia la ganadería bovina.

Actualmente, Río Apen trabaja con un plantel de 400 vacas madres de raza Hereford, en un sistema de cría y recría adaptado a condiciones extremas. La carga animal es de aproximadamente una vaca cada doce hectáreas, muy por debajo de los promedios de otras regiones del país, debido a las limitaciones ambientales. El crecimiento del pasto se concentra en pocos meses y el invierno, con su persistente capa de hielo, condiciona la disponibilidad de alimento, requiriendo en ocasiones suplementación costosa.

A pesar de estas restricciones, los resultados productivos son destacados. Con buena sanidad y genética adaptada, se alcanzan índices reproductivos del 96% de preñez y 90% de señalada, superiores a la media nacional. El servicio se concentra entre fines de diciembre y marzo, y las pariciones ocurren en primavera. Se ha incorporado inseminación artificial en parte del rodeo, con asesoramiento profesional, y se utilizan caravanas electrónicas para mejorar el seguimiento individual.

El ciclo se completa con el destete entre abril y mayo, donde los terneros alcanzan en promedio 215 kilos. Una parte se vende a engordadores de Trelew o dentro de la provincia, mientras otra fracción se recría en el establecimiento.

Este proceso representa un caso de adaptación y resiliencia productiva en uno de los ambientes ganaderos más exigentes del planeta.

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