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Artemis II: los desafíos físicos que enfrentan los astronautas al regresar del espacio

El regreso a la Tierra tras una misión espacial implica un complejo proceso de readaptación para el cuerpo humano, que sufre cambios significativos en microgravedad.

La misión Artemis II ha reavivado el interés por los efectos de los viajes espaciales en el cuerpo humano. Tras días en el entorno lunar, los astronautas deben enfrentar un riguroso proceso de readaptación al volver a la Tierra, según explicó el médico cardiólogo Jorge Tartaglione en LN+.

Antes del despegue, los tripulantes atraviesan exhaustivos controles médicos, que incluyen evaluaciones cardiológicas, neurológicas y psicológicas, además de un entrenamiento físico intensivo. «Tienen que estar preparados psicológicamente para estar aislados y físicamente para no perder fuerza muscular», detalló el especialista.

La ausencia de gravedad es uno de los factores clave que explica las transformaciones. En microgravedad, el cuerpo deja de trabajar como lo hace en la Tierra, generando múltiples consecuencias. «Van a perder muchísima fuerza muscular», advirtió Tartaglione, señalando que en apenas 10 días pueden sufrir una reducción de entre el 1% y el 2% de la masa muscular, especialmente en piernas y espalda.

Además, se produce una pérdida de densidad ósea similar a una osteoporosis acelerada, debido a la falta de carga sobre el esqueleto y la menor exposición a la vitamina D.

Uno de los efectos más visibles es la redistribución de los líquidos corporales. Los fluidos tienden a desplazarse hacia la parte superior del cuerpo, generando una apariencia conocida como ‘cara de luna’. «Se les pone la cara redonda», explicó el médico.

Al regresar, uno de los mayores desafíos es recuperar el equilibrio. En el espacio, el cuerpo pierde la referencia del centro de gravedad, lo que afecta la orientación espacial. «No es que se olvidan de caminar, pero no pueden mantener el equilibrio», indicó.

También pueden presentarse alteraciones visuales debido a un posible aumento de la presión intracraneana, que impacta en el nervio óptico.

Los efectos no se limitan al sistema músculo-esquelético. Los astronautas pueden experimentar una disminución del sistema inmune, volviéndose más vulnerables a infecciones, y trastornos del sueño frecuentes por la alteración de los ciclos naturales.

La llegada a la Tierra no marca el fin inmediato de sus tareas. Los tripulantes deben someterse a una serie de evaluaciones físicas rigurosas. «Tienen que hacer un montón de pruebas físicas, de chequeos de cómo están, antes de poder realmente tomarse sus vacaciones», subrayó un astrónomo en otra entrevista con el mismo medio. Estas medidas buscan monitorear la adaptación del cuerpo humano tras la exposición a condiciones extremas.

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