La eliminación de Italia en el repechaje europeo para la Copa del Mundo desató una ola de críticas hacia la dirigencia del fútbol italiano. El ministro de Deportes solicitó la dimisión del presidente de la FIGC, mientras crece el debate sobre las causas estructurales del declive.
Por tercera vez consecutiva, Italia no logró clasificar a una Copa del Mundo de fútbol. La derrota por penales ante Bosnia y Herzegovina en el repechaje europeo profundizó una crisis que trasciende el último resultado y apunta a problemas estructurales en el fútbol italiano.
El ministro de Deportes de Italia, Andrea Abodi, pidió públicamente la renuncia del presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Gabriele Gravina. «Personalmente le pediré a Gravina que renuncie. De lo contrario, podría haber motivos para que la FIGC sea puesta bajo administración especial. El fútbol italiano va a ser refundado», declaró el funcionario.
Gravina, por su parte, no ha planteado su dimisión y ha respaldado la continuidad del entrenador Gennaro Gattuso y del adjunto Gianluigi Buffon. Además, generó polémica al afirmar que «el fútbol es un deporte profesional, los demás son aficionados», declaración que fue criticada por destacados deportistas italianos de otras disciplinas.
Analistas señalan que la crisis de la selección nacional es el emergente de problemas más profundos, como el debilitamiento del fútbol formativo y el escaso desarrollo de jóvenes talentos que den el salto a la élite. La discusión ahora se centra en cómo revertir un rumbo que aleja a Italia de las potencias mundiales.
