El físico alemán, exiliado en Estados Unidos desde 1933, dejó una reflexión sobre la curiosidad como motor del conocimiento, documentada en una entrevista publicada poco antes de su muerte.
Cuando Albert Einstein abandonó Alemania en 1933, su llegada a Estados Unidos no solo marcó un cambio de residencia, sino también de entorno cultural. Instalado en Princeton, Nueva Jersey, encontró una sociedad que contrastaba con la Europa de entreguerras que había dejado atrás. Esa diferencia, observada primero como visitante y después como residente permanente, dio forma a una serie de impresiones que quedaron registradas en entrevistas y recopilaciones.
Einstein vivió en Princeton, Nueva Jersey, desde 1933 hasta su muerte en 1955, y trabajó en el Institute for Advanced Study. Aunque muchas veces se le atribuyen frases que no dijo, otras sí están completamente documentadas. El científico expresó una que ha sido citada en múltiples ocasiones en la revista Life el 2 de mayo de 1955, poco antes de su muerte. La versión completa en inglés es: “The important thing is not to stop questioning. Curiosity has its own reason for existence”. En español, se traduce fielmente como: “Lo importante es no dejar de cuestionar. La curiosidad tiene su propia razón de existir”.
Esta reflexión forma parte de una charla con el editor William Miller en Princeton, donde Einstein enfatizaba la “sagrada curiosidad” como motor del descubrimiento científico y personal, y la vinculaba con los misterios de la realidad y la existencia.
Antes de su residencia definitiva, Einstein ya había tenido contacto directo con la vida en Estados Unidos. En 1929, durante una nota publicada en The Saturday Evening Post, el periodista George Sylvester Viereck lo entrevistó sobre sus impresiones del país. En ese diálogo aparece una descripción de la sociedad que observó en sus visitas: personas abiertas, con confianza personal y con una tendencia marcada al optimismo, según Einstein Papers. En esa conversación, el científico destacó la facilidad del trato interpersonal y una ausencia de envidia que, según él, contrastaba con dinámicas sociales europeas más rígidas.
Ese primer contacto se convirtió en el punto de partida de una idea que retomaría años después en distintos escritos. En 1933, tras abandonar Alemania, Einstein se instaló en Nueva Jersey. Allí desarrolló el tramo final de su carrera científica en un entorno diseñado para la investigación sin obligaciones docentes. Este cambio le permitió observar de forma continua la vida estadounidense desde dentro, no solo como visitante ocasional.
Walter Isaacson, en su biografía Einstein: His Life and Universe, describe cómo ese entorno influyó en su percepción del país. La convivencia con colegas internacionales, las caminatas diarias por la ciudad y la interacción constante con la comunidad académica reforzaron su visión de una sociedad más horizontal en comparación con Europa.
Durante sus años en Princeton, Einstein mantuvo una rutina estable que combinaba investigación teórica y vida comunitaria. El Institute for Advanced Study le ofrecía independencia total para trabajar. Eso lo colocó en contacto directo con académicos de distintas disciplinas sin las jerarquías universitarias tradicionales. Isaacson destaca que ese entorno contribuyó a consolidar su percepción de una sociedad estadounidense caracterizada por la confianza individual y la interacción directa.
