El 28 de abril de 1988, el vuelo 243 de Aloha Airlines sufrió la pérdida del techo en pleno vuelo. La tripulación logró aterrizar de emergencia en Maui, con un saldo de una víctima fatal y 65 heridos.
Un sonido de desgarro sorprendió a los pilotos Robert Schornstheimer y Madeline “Mimi” Tompkins del vuelo 243 de Aloha Airlines el 28 de abril de 1988, mientras se dirigían en un Boeing 737-200 a Honolulu. La puerta de la cabina de mando desapareció sin previo aviso, al igual que parte del techo en el área de pasajeros. Solo se veía el cielo celeste y se oía el ruido ensordecedor del viento que golpeaba los trozos sueltos. La imagen era evidente: el techo no estaba.
La adrenalina activó el sentido de supervivencia de los oficiales y, después de una maniobra de emergencia, lograron descender y aterrizar en el aeropuerto de Kahului, en Maui. Desde entonces se constató como uno de los accidentes más importantes y terroríficos de la historia de la aviación.
Pasaron 38 años del accidente, que dejó el saldo de una azafata desaparecida y 95 personas a bordo que sobrevivieron, de las cuales 65 resultaron heridas. Según Aviation Safety Network, ese día el capitán extendió los frenos aerodinámicos y descendió a una velocidad aerodinámica indicada (IAS) de 280 a 290 nudos, con una velocidad de 1200 metros por minuto.
Pese a que se convirtió en un momento crítico, ninguno de los responsables del vuelo entró en pánico, según se comunicó más tarde. Simplemente hicieron lo que debían con el propósito de salvar la mayor cantidad de vidas posible. Afortunadamente, cuando sonó la alarma, todos los pasajeros estaban sentados y la señal de abrocharse el cinturón estaba encendida.
De acuerdo a los informes, la azafata principal estaba en el pasillo, junto a la fila cinco, cuando se desprendió el techo y la succionó hacia la nada. La segunda azafata alcanzó a sostenerse de los asientos y sufrió heridas leves, mientras que la tercera fue golpeada por los escombros y tuvo contusiones graves.
Mientras el avión descendía, se emitieron mensajes de auxilio y se notificó al aeropuerto de Maui que se utilizaría para un aterrizaje de emergencia. A las 13:50:58, el controlador local solicitó al vuelo que cambiara de frecuencia a control de aproximación porque el vuelo estaba fuera de la cobertura de radar. Aunque se confirmó la solicitud, el vuelo 243 continuó transmitiendo en la frecuencia del controlador local.
A las 13:53:44, la copiloto informó al controlador local: “Necesitaremos asistencia. No podemos comunicarnos con los auxiliares de vuelo. Necesitaremos asistencia para los pasajeros cuando aterricemos”. Nunca recibieron respuesta. Recién cuando estuvieron a 3000 metros sobre el nivel del mar, el capitán entabló una comunicación con Maui y solicitó asistencia cuando la aeronave lograra aterrizar.
Ya sin las máscaras de oxígeno, se restableció el contacto con los pasajeros. A las 13:55:05, el primer oficial informó a la torre: “No tendremos tren de aterrizaje delantero”. Y a las 13:56:14, la tripulación informó: “Necesitaremos todo el equipo que tengan”. Finalmente, con un motor menos y sin parte del techo, el vuelo 243 aterrizó en la pista 02 del aeropuerto Kahului de Maui a las 13:58:45.
“Temblaba un poco, se balanceaba ligeramente y se sentía elástico”, describió más tarde el capitán. Tras una investigación exhaustiva, se determinó que el fallo del programa de mantenimiento de Aloha Airlines para detectar la presencia de desprendimiento significativo y daños por fatiga fue lo que finalmente provocó la falla de la junta solapada y la separación del lóbulo superior del fuselaje. Contribuyeron al accidente la falta de supervisión adecuada por parte de la gerencia de Aloha Airlines de su personal de mantenimiento, así como la falta de evaluación adecuada por parte de la FAA del programa de mantenimiento de la aerolínea.
A raíz de este suceso, en 1990 se estrenó la película “Aterrizaje milagroso”, que narra cómo el avión descendió con casi toda la tripulación y los pasajeros luego de perder el techo en pleno vuelo.
