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Rolf Stommelen: el piloto que sobrevivió al caos de Montjuic y murió en un accidente similar

El alemán Rolf Stommelen, piloto de Fórmula 1 y sport prototipos, vivió una carrera marcada por la resistencia, la tragedia y un vínculo con Paul Newman. Su historia es un reflejo de una época peligrosa del automovilismo.

“No hubo tiempo para corregir nada. Cuando el alerón trasero falla a esa velocidad, el coche se vuelve imposible. Ya sabíamos que Montjuic no era seguro. Era hermoso para correr, pero muy peligroso. Ese día se pagó el precio. Sobreviví, pero fue un accidente que nunca debería haber ocurrido”. Esta no es solamente una historia de velocidad: es una historia de resistencia y de destino. De coqueteo con la fama del mundo del espectáculo, al punto de haber compartido auto con una leyenda del cine: Paul Newman. También de cómo un hombre puede quedar atrapado para siempre en un instante que no eligió, como el vuelo que protagonizó en 1975 en el circuito catalán de Montjuic luego de perder el alerón trasero. Hasta encontrar la muerte ocho años después, en una competencia de IMSA (automovilismo de velocidad para gran turismos y sport prototipos), en un accidente por una causa similar. Créase o no, nuevamente un desprendimiento del alerón trasero. Sólo que esta vez no hubo retorno.

Rolf Stommelen nunca fue el típico nombre que encabeza estadísticas en su actividad. No acumuló títulos ni construyó una leyenda basada en victorias. Sin embargo, su figura persiste por otro motivo: porque atravesó una de las épocas más salvajes del automovilismo y sobrevivió… hasta que dejó de hacerlo cuando apenas tenía 39 años. Nacido en julio de 1943 en la Alemania de posguerra, en la ciudad de Siegen (unos 140 kilómetros al noroeste de Francfort), Stommelen se formó lejos de cualquier camino prefabricado para desembocar en el automovilismo. Es que en realidad le gustaba demasiado esquiar y, sobre todo, subirse a su bicicleta. Un amigo suyo, Hugo Emle, lo describió sin vacilar: “Por sus aptitudes, hubiese sido un gran ciclista profesional”. No hubo academias ni estructuras profesionales que lo moldearan en el mundo de la velocidad. Aprendió en pistas precarias, con autos impredecibles y márgenes de error mínimos. Ese origen le dio una cualidad que lo acompañaría siempre: la adaptabilidad.

Antes que nada, Rolf fue un piloto de resistencia. Brilló en los años sesenta, setenta y comienzos de los ochenta. En el mundo de los Sport Prototipos encontró su lenguaje natural. Carreras largas de esas que ponen a prueba la paciencia, condiciones climáticas cambiantes, noches interminables y de reflejos a toda prueba. Conquistó Las 24 Horas de Daytona en cuatro oportunidades y fue segundo en Le Mans, con Newman como compañero. También se impuso en la Targa Florio, con Porsche, nombre con el que construyó su prestigio. No era el piloto más espectacular, pero sí uno de los más confiables. En una disciplina donde terminar ya era una victoria parcial, la confiabilidad valía oro. Stommelen no era un piloto que provocara delirio en las multitudes, pero brindaba respuestas valiosísimas para aquellos que le entregaban sus autos.

Y quedaría marcado para siempre por un episodio que lo tuvo como protagonista: el Gran Premio de España de 1975 de Fórmula 1, en el circuito de Montjuic. Cuando llegó a la F1, el escenario no le fue precisamente amigable. Nunca tuvo un auto dominante. Pasó por estructuras irregulares, como Brabham o Surtees, hasta recalar en la modesta Embassy Hill. La organización del británico Graham Hill, dos veces campeón mundial de la categoría (1962 y 1968) y tres veces subcampeón. El hombre de la “Triple Corona”, instituida al piloto que sale campeón en la F1 y gana las 500 Millas de Indianapolis y Las 24 Horas de Le Mans. Privilegiado. Padre, además, de Damon Hill, que también se dio el gusto de consagrarse como el mejor piloto de la categoría en 1996, con Williams. Ahí, lejos de los flashes que apuntaban a figuras como el austríaco Niki Lauda o el inglés James Hunt, Rolf Stommelen construyó su reputación sin estridencias. Sumando puntos cuando se podía. Manteniéndose en pista cuando otros caían. Era el tipo de piloto que no hacía ruido, pero siempre estaba. Y en una categoría donde el caos y el peligro eran frecuentes, ese tipo de perfil resultaba más que apetecible.

En total, Stommelen participó en 63 carreras entre 1969 y 1978, alcanzando un podio (GP de Austria 1970 con Brabham, detrás de las Ferrari de Jacky Ickx y Clay Regazzoni). Tras competir en 1975 en Argentina, Brasil y Sudáfrica, llegaba la cuarta carrera del campeonato: España. Y fue cuando su vida cambió para siempre al quedar envuelto en la tragedia. El 27 de abril de 1975 no empezó como una jornada normal. Desde antes de largar el Gran Premio de España el ambiente era tenso. El circuito urbano de Montjuic no ofrecía garantías: protecciones mal colocadas, vías de escape inexistentes, público demasiado cerca. Se advertía el riesgo, era todo muy jugado. Casi que esa carrera terminó siendo el punto de partida para un rosario de desgracias en la máxima categoría: en 1976, Tom Pryce se mató en Kyalami casi al mismo instante en que atropelló a un comisario de pista a 270 km/h, y ese mismo año Niki Lauda casi se muere dentro de su Ferrari envuelta en fuego en Nürburgring. En 1977, un accidente de

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