La empresa Frimetal, fabricante de Electrolux en Rosario, dejará de producir heladeras a partir de mayo. La planta pasará de 750 a 150 empleados, en medio de la crisis industrial que afecta al sector de línea blanca.
La caída del consumo y la apertura de importaciones consolidaron un escenario de fuga de inversiones que trascendió las estadísticas para encarnarse en el desmantelamiento de activos productivos reales. Este proceso de achicamiento encontró uno de sus epicentros en Santa Fe y la novedad volvió a posarse sobre la planta de Frimetal, la empresa que fabrica la marca Electrolux en Rosario, donde la parálisis de la demanda empujó a la compañía hacia el cierre de líneas fundamentales, que ya había comenzado tiempo atrás con otros productos.
Fuentes con conocimiento del sector, tanto de representación empresarial como sindical, señalaron que la empresa planifica el cese total de su producción de heladeras a partir de mayo próximo, una decisión que se filtró desde el interior de la fábrica y aguarda la confirmación oficial del directorio de capitales internacionales. La novedad sobre el fin de la producción de heladeras no se trata de un hecho aislado, sino que se suma a una secuencia de repliegues que la firma ejecutó desde principios de año. La compañía ya abandonó la fabricación de cocinas en enero y la actual determinación sobre la línea de frío marcará el fin de la manufactura local de uno de sus artículos más emblemáticos.
Este retroceso productivo impactará de manera directa en el esquema laboral, ya que la baja en la actividad de heladeras representa nuevos despidos en una zona históricamente industrial. La fábrica contaba originalmente con 750 personas y hoy mantiene solo 250. Las proyecciones internas anticipan una profundización de esta sangría, ya que la expectativa apunta a retener apenas a 150 operarios destinados exclusivamente a las tareas que aún permanecen activas en la planta santafesina.
En este nuevo esquema de supervivencia, Frimetal dejará de lado la fabricación de cocinas y heladeras para sostener una operatividad marginal. La planta quedará produciendo momentáneamente solo freezers y lavarropas, lo que conforma un volumen ínfimo comparado con su capacidad instalada original. Las fuentes consultadas detallaron que para el resto de los productos la decisión fue definitiva y simplemente ya no los hacen más, lo que confirma la transición de una planta productiva hacia una estructura de ensamble o importación.
El contexto territorial que rodea a este caso particular fue analizado por la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE), que en su último informe correspondiente a la actividad de febrero pasado alertó sobre una crisis industrial sistémica del sector. El nivel de producción industrial en la provincia registró una marcada caída de 14,9% interanual durante el segundo mes del año. El indicador general reveló que el 76% del total de ramas industriales presentó una menor actividad, situando al índice en niveles históricamente bajos.
Dentro de este panorama de contracción, el rubro de la denominada línea blanca apareció como uno de los segmentos más castigados por la recesión económica. El informe de FISFE destacó que la producción de aparatos de uso doméstico sufrió una fuerte caída del 37,2% en comparación con el año anterior. La dinámica negativa respondió a factores concurrentes como la pérdida de poder adquisitivo de las familias y una apreciación cambiaria que dificultó la competencia frente a los bienes importados.
La entidad fabril santafesina señaló que el sector manufacturero enfrenta condiciones desfavorables simultáneas que asfixian la operatividad de las plantas. La combinación de una menor demanda interna, mayores costos financieros y las altas tasas de interés conformó un entorno donde la inversión productiva perdió viabilidad. Este diagnóstico encontró respaldo en los planteos de la conducción nacional de la industria, que advirtió sobre las consecuencias de una apertura comercial sin políticas de resguardo para la producción local.
La Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) aportó cifras en su informe de marzo que confirmaron la gravedad de la crisis a escala sectorial. La utilización de la capacidad instalada en el sector metalúrgico se situó en un crítico 41,8%, lo que representó una caída de más de cinco puntos porcentuales respecto al año previo. El relevamiento evidenció que más de la mitad de la infraestructura metalúrgica nacional permaneció ociosa durante el primer trimestre del año debido a la falta de pedidos.
