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Estudios analizan el bienestar en la madurez y los hábitos que lo favorecen

Investigaciones internacionales sugieren que los niveles de satisfacción vital pueden aumentar después de los 50 años. Expertos destacan la importancia de mantener prácticas saludables para potenciar el bienestar a largo plazo.

La percepción común sobre las crisis asociadas a distintas edades ha sido objeto de estudio científico. Mientras se habla de la «crisis de los 30» o «de los 40», investigaciones como la del estadounidense Jonathan Rauch, plasmada en su libro La Curva de la Felicidad: Por qué la vida mejora después de los 50, proponen que el bienestar emocional suele tocar su punto más bajo entre los 30 y los 40 años, para luego mejorar.

Esta teoría encuentra respaldo en trabajos como el del profesor de Economía de la Universidad de Warwick, Andrew Oswald, quien en su estudio Is Well-being U-Shaped over the Life Cycle? (2008) observó que las personas reportan altos niveles de bienestar a los 20 años y nuevamente después de la jubilación.

Los especialistas coinciden en que, si bien la situación personal es un factor determinante, la salud juega un papel fundamental para disfrutar de la madurez. En este sentido, adoptar hábitos saludables desde edades tempranas resulta clave. A continuación, se enumeran algunas prácticas recomendadas por expertos:

  • Moderar o evitar el consumo de alcohol: Su efecto en los niveles de serotonina cerebral puede aumentar la irritabilidad y la inestabilidad emocional.
  • Dejar de fumar: La nicotina es un excitante que genera ansiedad, contrariamente a la creencia popular de que calma. Abandonar el tabaco mejora la salud mental, respiratoria y la apariencia de la piel.
  • Mantener una dieta equilibrada: Incluir frutos secos, vegetales, frutas, carnes blancas, pescado azul, legumbres y fibra, junto con una hidratación adecuada, es esencial para el funcionamiento óptimo del organismo.
  • Realizar actividad física regular: Dedicar al menos 30 minutos diarios de forma constante reporta beneficios físicos y psicológicos, sin necesidad de un entrenamiento intensivo.
  • Practicar la respiración consciente: Disciplinas como el yoga y la meditación ayudan a controlar la respiración, lo que influye positivamente en la actividad cerebral y la gestión emocional.
  • Cultivar las relaciones sociales: Expertos como Montse Crespin, profesora de la Universitat de Barcelona, señalan que la soledad no deseada es un problema de las sociedades contemporáneas que afecta gravemente el bienestar psicológico y la salud.

La adopción de estos hábitos, según los estudios citados, puede contribuir a un mayor bienestar tanto en el presente como en los años posteriores.

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