El barrio de Palermo es un destino turístico imperdible. Más allá de las opciones más conocidas, existen locales gastronómicos con encanto que son parte de la vida cotidiana del barrio.
El barrio de Palermo suele ser parte del itinerario de los turistas que visitan Buenos Aires. Surge entonces la pregunta: ¿dónde comer, además de los clásicos ya establecidos? Presentamos cinco opciones deliciosas, a menudo desconocidas para quienes visitan la ciudad, pero que forman parte de la rutina de los residentes del barrio. Cada uno de estos restaurantes se encuentra en una esquina con encanto de la geografía de Palermo.
Museo Evita
El ‘Restaurante Museo Evita’ está ubicado en el caserón histórico que recuerda la trayectoria de la ex primera dama argentina, Eva Perón (1919-1952). El lugar ofrece opciones para sentarse en el interior o en el patio, con pisos en blanco y negro y la sombra de los árboles. Si el día está soleado, la recomendación es elegir una mesa al aire libre. Su menú es variado, con risottos, pastas, carnes y una excelente selección de vinos y postres. Dirección: Juan María Gutiérrez 3926 (cerca de la Avenida Libertador y del boulevard Cerviño).
Voulez Bar
Es un lugar para desayunar, almorzar, cenar o tomar una copa. Se encuentra en una de las esquinas más pintorescas de Palermo y su oferta va desde sándwiches y cervezas hasta platos más elaborados. Cuenta con su público fiel y es agradable tanto en su interior, con grandes ventanales a la calle, como en las mesas sobre la vereda.
Quotidiano
Sus pastas, tragos y vinos son muy recomendables. ‘Quotidiano’ tiene otras sucursales, como en los shoppings Alto Palermo y Recoleta Urban Mall, pero su encanto principal reside en la esquina de Cerviño y Ugarteche.
Massey Familia
Sus entradas, almuerzos y vinos son de primera calidad. La burrata, los croquetes y las empanadas son deliciosas. El lugar es pequeño, con algunas mesas en el exterior. Es otra opción muy recomendable en el barrio.
El Preferido
Era un bodegón tradicional que estaba a punto de cerrar cuando fue rescatado por Pablo Rivero, el mismo dueño del restaurante Don Julio, y se convirtió en un lugar de moda en el barrio y la ciudad. Muy concurrido, con una fachada color rosa, ofrece un menú innovador y sabroso, con verduras y frutas orgánicas provenientes de la huerta de sus dueños. Sus tragos y espumantes merecen especial atención.
