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The Worlds 50 Best: cuál es el bar de Buenos Aires elegido entre los mejores del mundo para celebrar San Valentín

The World’s 50 Best publicó una selección de “los mejores bares para San Valentín” que este se celebra el sábado 14 de febrero, y sumó a Frank’s, un speakeasy de Buenos Aires, al mapa de planes románticos. La nota propone cambiar la cena por una barra con clima, buenos tragos y cierta épica de cita.

En el caso porteño, el medio recomienda reservar y dejarse llevar por el ritual de entrada: se accede a través de una cabina telefónica custodiada por seguridad, con política de puerta estricta. Adentro, la ambientación mira a los “locos años 20”: arañas brillantes, empapelados, una barra pulida y banquetas de terciopelo.

La guía también recorre coctelerías de Atenas, Florencia, París, Nueva York, Londres, Venecia y Praga, con una premisa común: lugares pensados para quedarse largo rato —sin apuro, con música y con tragos que se apoyan en técnicas, clásicos o ingredientes de autor—.

Locale Firenze (Florencia)

Locale Firenze, FlorenciaInstagram/Locale Firenze

Un escenario antiguo —con capas que se remontan a siglos— y una puesta glamorosa (arañas, muebles de época), pero con carta moderna: técnicas “de laboratorio” y enfoque de bajo desperdicio. La nota menciona tragos como Miso Margarita, Black Lemon Spritz y Espresso Conchini, servidos con mucha teatralidad.

Little Red Door (París)

Little Red Door, ParísInstagram/Little Red Door

Sin cartel a la calle y con espíritu de speakeasy “prohibicionista” en el tercer arrondissement. Adentro: ladrillo a la vista, velas y una atmósfera íntima para estirar la noche. El artículo destaca una carta que rinde homenaje a productores y agricultores, firmada por los bartenders Alex Francis y Timothée Prange.

The Bar in Front of The Bar (Atenas)

The Bar in Front of The Bar, AtenasInstagram/The Bar in Front of The Bar

Un speakeasy con estética “Rumble in the Jungle”: azulejos verde oscuro y banquetas que marcan el tono. En la barra conviven cócteles con ingredientes caseros y clásicos sin vueltas —como negronis o espresso martinis—, con un detalle que funciona como rompehielos: todo se guarda en un freezer a -24 °C.

Bemelmans Bar, en The Carlyle (Nueva York)

Bemelmans Bar en el hotel The Carlyle, Nueva YorkInstagram/Bemelmans Bar en The Carlyle, Nueva York

Un clásico de hotel en el Upper East Side con aire de lounge de los 40, piano en vivo desde la tarde y noches con jazz. Entre murales, tragos “de manual” y tentaciones para picar, la nota sugiere directamente saltear la cena y pedir Vesper Martini con caviar, lobster rolls y ostras.

Waltz Bar (Londres)

Waltz Bar, LondresInstagram/Waltz Bar

Pequeño, refinado y con regla clara: espacio para una docena de personas en una barra de ocho metros. Abrió en Shoreditch “el año pasado”, dice el artículo, y se apoya en coctelería estacional de inspiración japonesa, con ingredientes como espárragos, arvejas y vodka, más jazz suave de fondo.

The Bar at Aman Venice (Venecia)

The Bar en el hotel Aman Venice, VeneciaInstagram/Aman Venice

“Quiet luxury” en versión veneciana: salón palaciego con cielorraso con frescos y paredes enteladas, con vista codiciada al Gran Canal pero sin multitudes. La nota subraya el peso del gin y el trabajo del mixólogo Antonio Ferrara, con una serie de tragos llamados “Masterpieces”; entre ellos, Passionate (gin, licor de lychee, jugo de limón y almíbar de rosas).

Frank’s (Buenos Aires)

La icónica entrada de Frank’s en Buenos AiresInstagram/Frank’s

La recomendación porteña llega con guiño de película: cabina telefónica para entrar, seguridad y reserva como primer gesto para “impresionar”. Luego, un viaje a los 20: arañas, papel mural, terciopelo y una lista amplia que incluye una versión “upscale” del Zombie. La nota remata con dos palabras que resumen el espíritu: diversión y coqueteo, con iluminación favorecedora.

L’Fleur (Praga)

L’Fleur, PragaInstagram/L’Fleur

En el casco antiguo, entre calles empedradas y callejones, aparece un champagne bar con cócteles “de costado”, pensado para charlar sin interferencias. Velas y arañas como única luz, clima oscuro y decadente, y bartenders prolijos —camisa y corbata— listos para sostener la noche.

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